lunes, 2 de julio de 2007

Ponencia sobre aspectos relevantes de la controversia suscitada por apertura-cierre del Teatro Universitario

Buenas tardes. Durante los últimos días se han oído muchas voces, e irónicamente poco diálogo. Urge ir de este paradigma irracional hacia otro más congruente con el renacimiento y la preservación del Teatro Universitario, y por ende, de la vida cultural que es lo que verdaderamente garantizará su existencia y sobrevivencia. Se han ofrecido opiniones señalando la urgencia de insertar preceptos comerciales o garantías represivas dentro del ámbito educativo, esperando alcanzar con ello la transformación empresarial que entienden algunos se necesita para consolidar el funcionamiento del Teatro. Sin embargo, y ante esas sugerencias, ¿existe una propuesta cultural integradora, verdaderamente holista, que asuma los postulados del desarrollo sustentable, que lleve a buen puerto una visión sistémica del Teatro Universitario que tal vez en el fondo es lo que anhelamos la mayoría de la comunidad universitaria y nuestra familia extendida de alumnos egresados? En fin, ¿cuál es la importancia real que tiene el problema que hoy nos ocupa? Porque si de lo único que se trata es de buscar un manual de operaciones de una estructura, si de lo único que se trata es de negociar un acuerdo mediante el cual los diferentes actores de este drama puedan seguir actuando juntos en este escenario. Y aunque las desavenencias parezcan o hayan parecido insalvables, si de veras lo único que significa es que hay una rotura de relaciones entre distintos colectivos y sus intereses legítimos, si esto es solo un fracaso monumental de comunicaciones… con el riesgo de parecer insensible, no creo que el dilema sea tan terrible. Quiero sin embargo, ponderar sobre la importancia del tema sometido a debate, el funcionamiento óptimo del Teatro por su trascendencia para el presente y futuro desarrollo de nuestro sistema universitario. Hoy por hoy, como educadores y educandos, tenemos un reto, porque en gran parte somos los que llevamos en nuestros hombros la responsabilidad de sensibilizar sobre la importancia que tiene alcanzar un desarrollo cultural sustentable en Puerto Rico, porque de eso es que se trata la real gestión del Teatro Universitario. Trabajo que se estructura en función de tres coordenadas: de lo realizado, de las dificultades actuales, y de las tareas pendientes. Pero previo a ello, se postula la necesidad de comprender a la cultura como un derecho humano fundamental e inalienable. En términos generales, o logramos definir un modelo de integración que con realismo vaya desatando los nudos difíciles que se nos han presentado o viviremos un fracaso de nuestra identidad creativa como universitarios. Propongo un nuevo punto de partida. Parto del principio de que la cultura es de todos, producida y consumida por todos, todos somos potencialmente agentes culturales. Esto nos ubica en otra perspectiva frente a la responsabilidad de la cultura vista como un proceso dinámico y colectivo. Visto de este modo, el problema de la participación y por ende la composición representativa de la comunidad en los procesos cotidianos del Teatro Universitario significa sencillamente vivir su plena y genuina expresión colectiva y que requiere ser asumida como la suma de la diversidad. Este reto involucra dos dimensiones: uno material y otra espiritual. Las formas culturales generadas por estas dos expresiones son interdependientes, pero esto no anula su diferencia: unas contribuyen a que la gente subsista con dignidad, otras, a que esa misma gente le otorgue un sentido a su existencia. La economía y la cultura se nos presentan como los imperativos de mayor fuerza: los primeros se relacionan con la satisfacción de necesidades básicas, empleo, ingresos, recursos, mientras los segundos con la identidad, sentido de pertenencia y de sentido de la vida. La industria cultural del Teatro, si así lo podemos llamar, debe operar como la opción más adecuada para satisfacer las necesidades de cultura que genera la vida universitaria. Pero esta posibilidad debe ser considerada con detenimiento. Al cabo, lo que llamamos industria cultural es una combinación de iniciativas que incluye la selección de contenidos y de formas. Las nociones y procedimientos impuestos por esta noción de la industria de la cultura parecen irreversibles. En esta problemática deben centrarse la reflexión y el debate sobre una política cultural que nos sugiera qué hacer. El proyecto cultural del Teatro Universitario debe partir de varias preguntas: ¿cómo hacer para que la cultura adquiera una mayor autonomía, y nivel cualitativo?, ¿cómo lograr que la industria cultural se comprometa en primer término con los valores estéticos y humanos, sin dejar de ser un negocio rentable? Si la cultura en la Universidad de Puerto Rico carece del compromiso social necesario para sostener una actividad independiente, si la industria cultural se limita a actuar como mero eslabón del poder financiero apenas podremos mantener algún vínculo incidental y casual con el verdadero cultivo de la necesaria justicia cultural, inseparable de cualquier evocación de la justicia social. No se trata de ignorar la existencia de una economía de la cultura. Lo que importa es replantear sus vínculos con los actores mencionados. Es hora de dejar atrás y eliminar los monopolios sectoriales y de fomentar un mercado cultural verdaderamente libre, apoyar de manera amplia la actividad cultural independiente, promover y fomentar el proceso educativo intercalando en todo momento a toda la comunidad, estimular la industria cultural en el marco de la descentralización del poder decisional. Abrir el Teatro es de verdad abrirlo. Abrir el Teatro Universitario es abrirlo para los universitarios, todos, abrir el Teatro de la Universidad de Puerto Rico es abrirlo para el pueblo de Puerto Rico. El Teatro Universitario debe dar los pasos necesarios para convertirse en catalizador de una economía cultural sustentable, libre de monopolios. Los procesos de educación formal, por otra parte, no deben mantenerse disociados de las actividades culturales. Una política para la cultura debe procurar una relación permanente con las estructuras y los programas educativos. La interconexión entre cultura y educación formal, sin embargo, no debe pensarse en términos de un condicionamiento de la dinámica cultural. Toda política cultural será insuficiente mientras no incluya planes de acción adecuados al ámbito de las comunidades extramuros. Un elemental sentido de justicia y de solidaridad ante la situación de desventaja social así lo exige. En ese sentido, es necesario orientar esfuerzos y recursos a la creación de proyectos culturales de alto significado y participación. Nuestra identidad como pueblo no puede existir y fortalecerse sin el reconocimiento de sus diferentes relatos, cantos, bailes y narraciones en el plano individual y colectivo. He sometido una propuesta que he titulado, a falta de mejor título, propuesta general. En ella hay ideas cómplices que buscan aliarse con otras ideas y sugerencias conspiradoras. Insiste en la multiplicidad, son voces buscando coro, escenas buscando actores, es el público y por ser el público tiene que ser de todos, a la misma vez que somos todos. Ahora deseo aventurarme a hablar sobre un moderno monstruo mitológico, la Junta del Teatro. Amén de que espero que en el transcurso de este proceso los miembros actuales hayan tenido la previsión y sensibilidad de renunciar a sus puestos para poner a la disposición del proceso todas las alternativas posibles incluyendo la reorganización de dicho cuerpo, el programa y la constitución de la Junta debe tener una nueva forma de dirección que comprenda la toma horizontal de decisiones, sustituyendo al convencional enfoque vertical. Las decisiones de la Junta deben ser tomadas de manera transparente, se recomienda que los procesos sean abiertos. Las decisiones públicas, tanto en su formulación como en su ejecución, generan indudablemente confianza y solidaridad. Esta metodología participativa es una manera de dirigir, enseñar y orientar, que rechaza la comunicación vertical autoritaria, unidireccional y propone vías democráticas que no inhiban el potencial crítico y creador de los participantes, sino que por el contrario, lo estimula continuamente, teniendo como principios básicos: la dirección compartida y objetivos bien definidos en un ambiente que favorezca la comunicación, espontaneidad y la flexibilidad del proceso en una evaluación continua. Eso no es, solo abrir el Teatro sino mantenerlo abierto para todos. Gracias.

nota explicativa- esta fue la ponencia de ROF durante las 'vistas sobre el teatro universitario' en su caracter personal. entiendo que siguen vigentes sus argumentos.
disponible en http://senado.uprrp.edu/Comites/Teatro2006/Ponencias-28sept06-final.pdf