domingo, 1 de julio de 2007

contradicciones

Existe una paradoja formidable relacionada directamente al padre de los delincuentes juveniles y los patrones de criminalidad. Entre los factores socioculturales que intervienen en la reproducción de la pobreza y obstaculizan el desarrollo social se cuenta la ausencia de un cabal ejercicio de la paternidad. El análisis de la forma en la que los hombres se relacionan con sus hijos e hijas revela que la paternidad presenta diferentes problemas sociales de elevados costos para los individuos, los grupos sociales y la sociedad en su conjunto. Son cuantiosos los costos morales y económicos para las sociedades que tienen problemas asociados al establecimiento de la relación de los hombres como padres, entre los que se cuentan la delincuencia, la drogadicción, la prostitución y la violencia sobre las mujeres y los menores de edad. Con respecto a la paternidad: ¿El padre ha perdido presencia, reconocimiento y legitimidad en la familia? ¿Ha cambiado la forma como el padre ejerce su función? ¿Existen formas diferentes de ejercer esa paternidad y en qué consisten?
Probablemente el trabajo de investigación más extenso y metodológicamente riguroso es el que realizaron los sociólogos Sara McLanahan (Princeton University) y Gary Sandefur (University of Wisconsin), cuyos resultados fueron publicados en el libro Growing Up with a Single Parent en 1994. Los resultados obtenidos fueron: a) el riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados es un 50% más alto para jóvenes que crecieron sin su padre, b) el riesgo de interrumpir estudios secundarios es un 100% más alto, y c) el riesgo de embarazo en la adolescencia es también un 100% más alto. Veamos más data ciertamente preocupante ” Most chronic juvenile offenders start their criminal career prior to age 12 (Wilson & Howell, 1994). For some youth, involvement in serious violent behavior begins as early as 10 years of age (Kelley, Huizinga, Thornberry, & Loeber, 1997). Moreover, early indicators of juvenile delinquency may be apparent among boys as young as ages 1 to 5 years old (Kelley, Loeber, Keenan, & DeLamatre, 1997).” -http://ojjdp.ncjrs.org/pubs/titlev/97rpttocong/sect-i2.html. “En un trabajo de investigación similar al de McLanahan y Sandefur, otro sociológo, Duncan Timms (University of Stockholm, 1991) realizó un seguimiento de todos los niños nacidos en Suecia en 1953, durante 18 años. Se le hizo un psicodiagnóstico a cada uno de estos 15.000 niños a intervalos regulares. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera y que crecieron sin padre. Son convergentes con estas conclusiones los resultados de un seguimiento de más de 17.000 menores de 17 años que realizó en Estados Unidos el National Center for Health Statistics (1988 National Health Interview Survey of Child Health): el riesgo de disfunción psicológica (problemas emocionales y/o de conducta) es significativamente más alto para niños que han crecido sin padre (entre 2 y 3 veces más alto) (Dawson, 1991). Ronald y Jacqueline Angel, investigadores de la Universidad de Texas, publicaron un trabajo en 1993 en el que evalúan los resultados de todos los estudios cuantitativos que analizaron los efectos de la ausencia paterna. Dicen: "El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño" (Angel & Angel, 1993).” -http://www.salvador.edu.ar/ua1-9pub01-2-02.htm.
Ahora ante este cuadro desolador y sabiendo que en Puerto Rico (según números del Censo del 2000) de un poco más de millón de unidades familiares, 262,232, el 26.0% de las familias son unidades de mujeres con hijos y sin esposo-padre presente.
El análisis se convierte en especialmente retante cuando debemos aceptar que gran parte de la problemática de lo que podemos llamar paternidad ausente es debe precisamente al rol detrimental de una gran cantidad de hombres en sus relaciones esposo-padre vis a vis el igualmente desolador cuadro de salud emocional familar. “El maltrato de menores y la negligencia son asuntos críticos en Puerto Rico. Durante el período 1994–1995, el Departamento de la Familia notificó un total de 48.705 casos de malos tratos a niños, 30.388 por algún tipo de negligencia y los otros 18.317 por algún tipo de maltrato (esto incluye la explotación, el maltrato institucional, emocional, múltiple, físico y el hostigamiento sexual). Del total de casos notificados, 11 niños murieron. En 1995 se recibieron 49.913 notificaciones de negligencia y maltrato.” -http://www.paho.org/spanish/sha/prflpur.htm