martes, 5 de julio de 2011

Mami, los papas de Tito y Tita, ¿son terroristas?


Tal vez debí escribir esto antes...

En cierto momento durante la huelga de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, estábamos un grupo de cientos de madres y padres activamente apoyando a nuestros hijos e hijas. Enfrentados a fuertes contingentes de policías en condiciones muy adversas en los que hubo violencia, maltrato institucional como cuando intentaron negarle agua y comida a los estudiantes, acoso constante y una ausencia de alternativas de apertura al diálogo y falta de transparencia de los argumentos que fomentaban las protestas de los estudiantes, en fin se encaraban a las peores voluntades de un sistema que operaba más como una empresa opresiva y menos como una universidad del pueblo.

Administradores universitarios y hasta decanos desquiciados clamando por actos de violencia contra los estudiantes, el empleo de unidades deshumanizadas de oficiales entrenados para agredir en total menosprecio de los Derechos constitucionales y cualesquiera criterios humanistas, fueron apresados y arrestados sin mediar causas legales, fueron encerrados en maniobras cuasi-militares para que fuesen empujados bruscamente y agredidos, fueron sujetos de tácticas de tortura para obligarlos a someterse… Agredieron a padres y madres por llevarles comida a sus hijos lo cual es su sagrada responsabilidad.

La consigna: No están solos…



Entre las miles de anécdotas recuerdo que durante el fin de semana que le vedaron los alimentos y el agua a los estudiantes fui como todas las noches a llevarle comida y agua a mi hijo. Lo cierto es que nunca fui impedido de hacerlo e igualmente cierto es que un sargento de la policía, digamos normal, me ayudó mediante la desatención de una cierta esquina de la verja para poder pasarle bultos de suministros a mi hijo y sus compañeros.

Igual cierto es que el día en que ciertas figuras de la farándula trataron de llevarle bandejas de comida a los estudiantes en medio de todo el mundo y tras anunciar sus intenciones mediante comunicados de prensa (supuesta idea de que era más importante "dramatizar" la situación cuando nosotros, coro del elenco y los estudiantes, los verdaderos protagonistas del drama, lo menos que necesitábamos eran estrellas invitadas que vinieran a "robar cámara") para ser eventualmente impedidos de lograrlo de manera violenta, ese mismo día y desde esa misma hora estuve literalmente horas pasando comida y agua por encima del verja justo al lado de un grupo de policías que miraban sin querer ver.

Saben un día uno de esos policías me confesó su desagrado con las órdenes de reprimir abusivamente a estudiantes que luchaban por algo que sus propios hijos estaban de acuerdo. Tuve varios momentos de ese tipo de comentario sincero de parte de oficiales policiales, insisto normales (en contraposición a los gorilas subhumanos que mandaban a repartir leña y castigos corporales a tutti-plen) y de hecho he escuchado otros tantos comentarios similares de estudiantes y otros padres y madres.

Esas instancias y tantas otras me hacen pensar en las veces que madres y padres hemos sido clasificados de terroristas por actos que luego los vecinos por ejemplo nos han confesado que no somos terroristas nada sino madres y padres preocupados y comprometidos con nuestros hijos e hijas y hasta con sus hijos e hijas...



¿Tenemos realmente miles de terroristas que viven conspicuamente en nuestras comunidades?

Según el ACLU, la lista de los que el gobierno considera terroristas aumenta por saltos -- agregan unos 20.000 individuos cada mes. En su boletín de marzo del 2008, el ACLU conjeturó que la lista sobrepasaría un millón… eso hace 3 años. Recuerdo cuando entregaron las carpetas que eramos cientos de miles, habían carpeteado hasta a gente que eran estadistas porque eran amigos de alguien o primos o vecinos, o meramente porque el proceso era una locura total...

Uno tiene que preguntarse porqué nuestro gobierno ha perdido por completo el mínimo de la prudencia y la razonabilidad, definiendo como aspectos de terrorismo aparentemente todo empleo de los derechos civiles. Podemos recordar acontecimientos donde el término terrorista aplica de hecho correctamente a los individuos implicados:

1972, los Juegos Olímpicos de Verano en Munich -- tomaron de rehenes y mataron los miembros del equipo olímpico israelí. Los terroristas exigían la liberación y el paso seguro a Egipto de 234 palestinos y no-Árabes encarcelados en Israel. 11 atletas israelíes, 1 oficial de policía y 5 terroristas murieron. Un ejemplo exhaustivo de un acto terrorista auténtico.

Sin embargo, lo que el público está siendo alimentado hoy tiene poco que ver con terrorismo verdadero y no es nada más que una campaña de propaganda. Un adoctrinamiento de mentiras, de miedo e histeria deliberados, controlado; utilizar la etiqueta "terrorista" para clasificar a ambientalistas que se trepan a postes de la luz o estudiantes que se niegan a pagar aumentos de matrícula es criminalizar a ciudadanos inocentes que utilizan su creatividad para manifestar quejas legítimas, es usarlos de chivo expiatorio a fin de sofocar toda disensión en un sistema constitucional que supuestamente se basa en el mayor respeto a las diferencias de opinión.



Luchar contra un proyecto de gasoducto por entender que es innecesario y que perpetua el consumo excesivo de combustibles fósiles es conciencia ciudadana -- no terrorismo -- no importa cómo nuestro gobierno utiliza falsamente el término para intensificar su campaña publicitaria valiéndose hasta de la paranoia. Negarse a abandonar una comunidad residencial tradicional para que construyan hoteles extravagantes y residencias de lujo es un acto de protesta, no violento, contra la avaricia corporativa, y contra prácticas ambientalmente destructivas, no es terrorismo, es defensa de las comunidades. Tantas actividades valientes y sacrificadas en las que ciudadanos y grupos civiles arriesgan su propia seguridad pueden ser llamadas terrorismo por intereses corporativos pero eso no hace a esos individuos terroristas sino ciudadanos y grupos civiles con filosofías propias diferentes a la mentalidad del desarrollador privado motivado por el lucro. Tales actos no pueden nunca ser comparados -- con honradez moral o ética -- a los actos violentos de secuestro, tortura y asesinato de seres humanos emprendido por los terroristas verdaderos. No estamos hablando de lo mismo.

El paradigma del terrorista está siendo explotado rabiosamente por el estado corporativo, para silenciar cualesquiera y todas las oposiciones a sus agendas.

Redefinición de la etiqueta terrorista para incluir actos de desobediencia civil se ha convertido en una estrategia conveniente para demonizar, criminalizar y hasta encarcelar a los que denuncian públicamente el comportamiento inconstitucional de un gobierno que a base de su prerrogativas muy exclusivas, elitistas y egoístas se ha tornado en un frío ente autoritario y abusador. Encerrando a grupos pacíficos, infiltrándolos y usando tácticas coactivas de agentes encubiertos y de provocadores del gobierno para entrampar a ciudadanos es contrario a la democracia al igual que utilizar ordenanzas municipales para limitar los derechos de libre asamblea, de expresión y restar la libertad constitucional de exigir remedios al gobierno.

El apodo terrorista ahora convertido en mero elemento publicitario no responde a argumentos penales sino a una sola cosa-- AVARICIA. Mientras el gobierno pueda continuar ampliando el mito de los terroristas que se ocultan detrás de cada roca con sus pancartas subversivas y cruzacalles explosivos, el estado sin inmutarse se ha convertido en una empresa psicótica que promueve un dogma de capitalismo sicopático.

Considere la estrategia: extensión de la etiqueta de 'terrorista' a un concepto que es todo inclusivo facilita quitar del medio a individuos que son una amenaza para el mundo corporativo por su conciencia y activismo social. Es una manera de bregar con aquelloos que no se venden ni dejan seducir por los cantos de sirenas ebrias de poder ni las patéticas ilusiones plásticas del consumerismo. La realidad cada vez mayor es que cualquier ciudadano puede potencialmente encontrarse en los zapatos del delincuente por negarse a obedecer al gobierno.

¿Podemos todos ser 'terroristas' simplemente por no vender nuestras almas al diablo para los beneficios de los ricos y las corporaciones que son los llamados a salvar a Puerto Rico de la crisis de acuerdo al gobierno (que aprovecha y se aprovecha muy personalmente)?

No confío en el gobierno. Eso no me hace un terrorista. Me hace un individuo que posee la capacidad de distinguir la verdad de las mentiras oficializadas, lo justo de lo injusto y emplear el sentido común para enfrentar la publicidad del gobierno. No confío en el gobierno más que lo que confío en un vecino abusivo que maltrata a su esposa e hijos, a un patrono que está robando, a un oficial policial que tortura a los ciudadanos en cada oportunidad. No confío en la ética del dinero ni en el triunfo del poderoso.



No confío en el gobierno. Tras los incidentes lamentables en el Capitolio, donde todos sabemos que hay cámaras vuelta y redonda, la investigación oficial no reveló un solo incidente de abusos policiales que por otra parte llenaron las pantallas de los televisores de los noticiarios y los periódicos. No confío en el gobierno porque tras verse las patadas que le dio un alto oficial de la policía a un estudiante estando en piso fuertemente sujetado y tras golpetazos eléctricos, aceptaron su renuncia y vete para tu casa que nada ha pasado. No confío en el gobierno porque por las intransigencias de la administración universitaria del Recinto de Mayaguez una hermosa estudiante llena de futuro muere, y nadie de dicha institución ha tenido la decencia de pedir perdón por dicha demencia.

Hay miles de instancias, hay miles de mentiras oficiales, por eso no confío en el gobierno. Y saben qué, no tengo el deber de confiar en el gobierno, por el contrario tengo el pleno derecho de desconfiar y los que tienen el deber, aunque se hacen los locos, si, los que tienen el deber de informar, que están obligados por ley a convencer con criterios claros y transparentes, si, los que tienen el deber de abrir todas las opciones de diálogo como sea posible, ese deber es el del gobierno. Claro, no confío en el gobierno porque falla miserablemente en ese deber y no solamente falla por ineptitudes ni negligencias crasas, falla porque se lo propone como parte de su entrega en cuerpo y espíritu a la máquina de las ganancias capitalistas.



Quizás cada uno de nosotros debe evaluar de nuevo nuestras actitudes hacia las teorías de la conspiración.

Como nota al calce durante la huelga de los estudiantes nos organizamos unos cuantos centenares de madres y padres, el grupo que se creó en Facebook tiene más de mil personas, claro como en todo hubo unos que pudieron apoyar más, otros menos, pero todos solidarios...

¿Crees que eso nos hace merecedores de ser etiquetados terroristas, el no dejar que nuestros hijos e hijas sean masacrados, agredidos y abusados por fuerzas policiales...?

No aceptar un gasoducto lleno de peligros y que solamente perpetúa la contaminación ambiental, ¿nos hace terroristas…?

Apoyar a ciudadanos envejecientes que se niegan a ser desplazados de sus residencias y fincas, ¿eso nos hace terroristas…?

La pregunta que sirve para titular esta entrada es esa que ha sucedido miles de veces y miles de veces otras madres y padres, vecinos, amigos y hasta desconocidos han sabido contestar lo que el gobierno obviamente se niega a aceptar porque se debe a los intereses corporativos por encima de sus responsabilidades cautelares y en menosprecio de la honradez y honestidad.

Por sus acciones los conoceréis...

o como dicen en mi pueblo, el pájaro se conoce por la churretá...