miércoles, 8 de octubre de 2008

Haití: realidad de pobreza extrema y estado de emergencia.




La crisis actual en Haití.


Haití es uno de los países más pobres, densamente poblado y desforestado del planeta. Estos tres factores todos se unen en un círculo vicioso que hace a Haití particularmente vulnerable. La pobreza significa que la gente toma lo que puede de la tierra - en este caso, la madera, quemada localmente o convertida en el carbón de leña para el uso en las ciudades. Por haber tanta gente - alrededor de ocho millones – la tala indiscriminada y viciosa de árboles produce lo que un informe de Naciones Unidas encontró: que el 97% de la superficie del país estaba seriamente impactada (desforestación). Sin el árbol y su raíz para cimentar el suelo, simplemente la lluvia arrastra el suelo, se lleva la tierra de la superficie convirtiéndolo en lodo.

Las inundaciones desenfrenadas y los aludes de lodo como consecuencia de las tormentas destruyeron edificios, cosechas, y residencias en áreas bajas a través de Hinche, Mirebalais, Petite Riviere de l'Artibonite, y Saint-Marc. Por otra parte, la escala verdadera de los daños sigue siendo desconocido ya que todavía se encuentran bolsillos aislados y alejados de aldeas seriamente devastadas a través de la región.

Según los Naciones Unidas unas 600 personas han muerto en Haití y 650,000 están sin hogar, otras fuentes estiman más de 800 muertos y casi un millón sin hogar. Un segmento enorme de la población-800,000 en un país de 8.7 ahora millón-viven en condiciones de necesidades desesperadas y total dependencia de la ayuda humanitaria según UNICEF. Las estadísticas de muertes relacionadas (al problema ambiental, la pobreza, enfermedades relacionadas a las catástrofes naturales) en Haití continúan en aumento. Las cifras oficiales del gobierno han colocado a los muertos entre el número de 600 a 1.000, con 400.000 niños en necesidad imperiosa de ayuda de emergencia.




Haití ha sufrido más que sus vecinos, en gran parte debido a la pobreza extrema y la deforestación severa. La superficie forestal de Haití es de apenas 2 por ciento. En la República Dominicana es el 30 por ciento. Esta erosión de suelo impacta y empeora críticamente el potencial de inundación severa. Sin superficie de bosques, las laderas son aludes de lodo masivos y provocan inundaciones repentinas. Consecuentemente, los valles se inundan con ríos de barro. “En el 1950, cerca del 25 por ciento de las 10.700 millas cuadradas Haiti estaban cubiertas con de bosques,” según el Miami Herald. “Antes de 1987, había bajado al 10 por ciento. Antes de 1994, el 4 por ciento. Ahora, los científicos extranjeros y haitianos encuentran que solamente 1.4 por ciento de la nación está forestada.”

Un 70 por ciento de la población haitiana vive con menos de dos dólares por día. Su población es de mayoría campesina y sobrevive de agricultura de subsistencia, mientras que los pobres urbanos trabajan en el pequeño sector de las fábricas de explotación extrema ('sweatshops') o haciendo lo que sea para sobrevivir. Un país una vez autosuficiente en alimentos hoy es casi totalmente dependiente de la importación de alimentos. Están hospitalizando gente en extrema necesidad de asistencia médica en los hospitales en Port-au-Prince y otras ciudades que no tienen ni el personal, medicamentos ni el equipo a hacer frente a tal emergencia aún un mes después de la serie de tormentas tropicales y de inundaciones, la situación del desplazamiento sigue siendo la más aguda.

En Gonaives, la inundación desplazó el 80 por ciento de la población de 300.000 de la ciudad. La inundación ha mezclado los excrementos humanos y animales en el agua, y podría llevar fácilmente a epidemias de cólera y la matanza de millares. En la ciudad de Gonaives y sus alrededores, 50.000 individuos son albergados en edificios tales como escuelas e iglesias pobres en condiciones antihigiénicas. Debido a su localización en el terreno de aluvión de los ríos de la montaña, Gonaives es particularmente vulnerable a las inundaciones repetidas. Las laderas circundantes están en gran parte desnudas. Con el año escolar, esfuerzos se desarrollan por desocupar a los desplazados de las escuelas. Miles de casas se han destruido, y los desplazados permanentemente se ven forzados a vivir con otras familias.

Cerca de 1 millón de personas han sido desplazadas a través de país-sobre el 12% de la población total de Haití. Con la infraestructura de los caminos y de los puertos dañados seriamente por las tormentas, la ONU ha luchado para llevar alimento y agua a gente que muere de hambre y deshidratada. Ha podido alimentar solamente a 298.000 personas. Sobrevivientes han comenzado a llegar a pie a las clínicas de la emergencia. Centenares han llegado para ser tratados para el hambre o la putrefacción por caminar por días en agua fétida.

En medio de esta crisis, la ONU ha logrado muy poco para cubrir las necesidades de la gente haitiana. Han prometido $108 millones de ayuda de emergencia, pero solamente 2 por ciento hasta ahora ha sido entregado/ donado. La ocupación de la ONU ha demostrado ser no solo un esfuerzo humanitario sino un vehículo para el neoliberalismo. Varias ONGs han intentado llenar el vacío, pero solamente logran ser ayudas parciales. La energía real en Haití ha sido la ocupación de la ONU y la verdad es que las fuerzas de la ONU han protegido a los ricos haitianos. EU, un país que malgastó $3 trillones en la destrucción de Irak, han asignado solamente $30 millones para ayuda humanitaria en Haití.

La crisis permanente de Haití.

La devastación de las tormentas no es el resultado solamente de causas naturales, sino de la intervención extranjera en la política y la economía de Haití durante cientos de años. Por las últimas décadas, Haití la pobreza, la corrupción, una débil infraestructura erosionada y abandonada, dictaduras, los golpes de estado y la intervención militar extranjera han sido los factores principales de una crisis permanente que sin embargo ha servido para alimentar las riquezas de una exigua élite haitiana e intereses de los carteles de los grandes intereses multinacionales. Los EU han colaborado con la élite para sujetar el país a los planes económicos del neoliberalismo mundial que le ha negado el desarrollo y ha mantenido su realidad estructural y geográfica dilapidada, tal como la tala masiva de árboles y la dependencia absoluta de alimentos importados.

Haití es uno de los mejores ejemplos del fracaso de la cruzada mundial de la “democracia internacional” y los derechos humanos fundamentales. Un pequeño país con apenas 8 millones de personas, intensamente pobres y solo a unas cientos de millas de las costas de los EU. Aquí, más que en cualquier otro lugar, uno puede ver el impacto de un siglo de intervenciones militares, de represión y opresión política y de administración ausente de planificación, ética y sentido de responsabilidad ambiental.

Consecuentemente, tormentas que otros países sobreviven con relativamente pocos daños son eventos de proporciones catastróficos en Haití. Las tormentas traen la lluvia, el suelo no puede absorberla, y los torrentes gigantes se convierten en los ríos de lodo de las montañas, destruyen campos, y descienden sobre ciudades enteras.

La tala de árboles comenzó con el colonialismo francés en el siglo XVIII, cuando áreas enormes del bosque eran despejadas para construir plantaciones grandes. Después que la revolución del esclavo haitiano ganó su independencia en 1804, la mayoría de las naciones, dirigidas por Francia y los EU, impuso un embargo. Reconocieron al nuevo gobierno solamente después de que acordó pagar reparaciones a Francia por ganar su libertad. Haití fue lisiado con las condiciones de la pobreza que han sido la fuente de devastación de problemas de sociales y ambientales.

Haití y la República Dominicana, siendo naciones que viven de lado a lado, son mundos apartes, los obstáculos enormes permanecen, como la inestabilidad política en Haití, prejuicios culturales y raciales profundos, y el bagaje histórico negativo que incluye la ocupación haitiana de su vecino por 22 años en el siglo XIX y la masacre de millares de haitianos a lo largo de la frontera del gobierno dominicano hace 62 años.

Más allá de la historia, su interacción ha sido definida en gran parte por la población pobre haitiana y la explotación de la mano de obra barata, una combinación que ha llevado a la cooperación y a la fricción durante los años. Hoy, muchos dominicanos miran con prejuicios al vecino por ser más pobre. Mientras que la República Dominicana, que ocupa los dos tercios del este de la isla, está experimentando una de las tasas de crecimiento económicas más altas del hemisferio occidental, al cerca del 7 por ciento, Haití es el país más pobre del hemisferio. Culpan a los haitianos con frecuencia por desplazar a trabajadores dominicanos en la República Dominicana, un país con un índice de desempleo de cerca de 15 por ciento. Aunque estén concentrados tradicionalmente en la industria de la caña de azúcar, los trabajadores haitianos también han venido a dominar trabajos agrícolas y urbanos, como la construcción.

El gobierno dominicano ha ejecutado operaciones masivas de la expulsión y de la deportación en por lo menos tres ocasiones en los últimos diez año-en 1991, 1997 y 1999. Incluso cuando los barridos masivos no eran realizados, el índice “ordinario” de expulsiones y de deportaciones ha asomado alrededor de 24.000 a 30.000 por año durante la década pasada, según las fuentes que incluyen a funcionarios dominicanos. Las estimaciones de estos funcionarios y de otros observadores demuestran que las expulsiones y las deportaciones continuaron siendo realizadas a un índice de algunos 2.000 por mes durante 2000, y que esta tarifa aumentó perceptiblemente al principio de 2001. La política y la práctica de expulsiones totales han discriminado millares de dominicanos de descendencia haitiana y trabajadores haitianos en la República Dominicana.

Racismo entre mulatos y negros: explotación, xenofobia y violaciones de derechos civiles.

La raza y la cultura son obstáculos enormes a mejorar relaciones de las condiciones deplorables en plantaciones y molinos de azúcar propiedad del gobierno. Los haitianos en la República Dominicana viven víctimas de la situación de apartheid de una campaña de muchos años de expulsiones colectivas y de deportaciones arbitrarias por autoridades dominicanas sin debido aviso, derecho a audiencia o la oportunidad de recoger sus pertenencia y entrar en contacto con a sus familias. Esta práctica de expulsiones se basa en supuestas consideraciones raciales que son racistas e intrínsecamente discriminatorias. Los funcionarios dominicanos de inmigración identifican a las personas deportadas por la piel negras y características africanas, se presumen para ser haitianas cuando muchos en realidad, tienen otras nacionalidades y orígenes.

Las violaciones de los derechos civiles ejemplifican la práctica extensa y sistemática de la discriminación por el gobierno dominicano en sus expulsiones sumarias de dominicanos de descendencia haitiana y los trabajadores haitianos que residen en la República Dominicana a los que se le han negado constantemente personalidad jurídica bajo ley dominicana. La constitución dominicana confiere nacionalidad dominicana a “todas las personas llevadas en el territorio de la república.”

La mayoría de los dominicanos con relación haitiana que nacieron en la República Dominicana no poseen la documentación dominicana. El gobierno dominicano trata a los dominicanos-haitianos nacidos en la República Dominicana según una interpretación de la constitución que les niega el derecho de la nacionalidad dominicana. El artículo 11 de la Constitución dominicana hace una excepción a la regla de la nacionalidad para los individuos “en tránsito.” Las autoridades dominicanas definen a todos los haitianos y a sus descendientes como estando “en tránsito” no importa cuánto han residido en el país, y así, justifican las medidas para mantenerlas permanentemente indocumentadas.

La mayoría de los trabajadores haitianos no tienen ni tendrán documentos proporcionados de inmigración o de empleo y están por lo tanto en el riesgo constante de deportación. Los nómadas haitianos hacen frente a obstáculos formidables para legalizar su estado como residentes. Millares de haitianos han vivido en la República Dominicana por largos periodos del tiempo. Muchos de ellos han desarrollado familia y los lazos personales en la República Dominicana. La ley dominicana no proporciona pautas claras o las oportunidades accesibles para que los nómadas haitianos obtengan la nacionalidad dominicana basada en residencia o relaciones de familia. Por lo tanto, pocos nómadas haitianos tienen documentación. La República Dominicana, en la práctica, niega a víctimas el acceso a los remedios proporcionados para por la ley dominicana porque las autoridades mismas están inconscientes de lo que dicta la ley, o son indiferentes a ella.

La élite intelectual dominicana, historiadores y escritores, asumió la responsabilidad de dar una base teórica a la hispanidad y el mito del indio entre los dominicanos. Estos dos elementos contribuyeron al desarrollo de un sentido social que identifica como al enemigo al haitiano y el haitiano con el negro. El desarrollo de una ideología racista en el contexto de una sociedad donde es negra la mayoría de la población o del mulato implica una enajenación cultural profunda. Semejantemente, la xenofobia del anti-haitiano contiene un prejuicio étnico triple, racial y clase, basado en que el haitiano es pobre, negro y haitiano. Un prejuicio que repercute inclusive en los dominicanos que, aunque no sean ni tengan nexo con haitianos, sean pobres y negros.

Este perjuicio es mantenido y reproducido por medio del sistema educativo, ciertos aspectos de la cultura popular y de la manipulación cínica por los partidos políticos y los gobiernos. Los trabajadores haitianos en la República Dominicana sufren explotación y las discriminaciones severas obligados a hacer el trabajo peor pagado, carecen generalmente documentos jurídicos y a pesar de la vida y trabajo en el país por décadas, viven en miedo constante de la expulsión. Hoy son encontrados en todas las ramas de la agricultura, en servicio doméstico y, con considerables problemas de la inserción, en otros sectores del mercado laboral abierto a las clases populares. Después del descenso agudo de la industria de azúcar de las dos décadas pasadas, algunos trabajadores inmigrantes de Haití son mujeres que vienen participar directamente en la economía informal, vendiendo ropa y alimento y participando en otras formas de comercio pequeño. A pesar de estas nuevas tendencias, el batey, con sus problemas cada vez mayor de la higiene, continúa siendo un domicilio importante y punto de la referencia para la población haitiana.


La niñez, el sector más victmizado.





Los niños nacidos en Haití tienen más probabilidades de morir durante niñez temprana que en cualquier otro país en el hemisferio occidental, según ‘Child Alert: Haiti’ un informe de UNICEF. 19 por ciento de muertes para niños menores de cinco, los índices de mortalidad más altos 117 niños mueren por cada 1.000 nacimientos.

Representan el 70% de la población de 8 millones, los niños están sujetos al analfabetismo, la esclavitud y altas tarifas de mortalidad. Las estadísticas son alarmantes: el 10% morirán antes de la edad de 4, 7% (300.000) de los niños en Haití son esclavizados tan jóvenes como a los 3 años, Sufren a menudo abusos sexuales, emocional, físicos y posiblemente la muerte, el 45% de la población haitiana es analfabeta y el 30% de la población haitiana está enferma, padece malnutrición y peso insuficiente (se estima que el 48% de la niñez haitiana padece problemas severos de alimentación). Solamente 55 por ciento de los niños de la edad de escuela atiende a la escuela. La niña promedio atiende a la escuela por solamente dos años. La mitad de la juventud de Haití 15-24 es analfabeta.

El caso de los niños haitianos en la República Dominicana no es marcadamente mejor: negados la documentación legal de su nacionalidad si tienen relaciones familiares dominicanas. La población de República Dominicana es de aproximadamente 9 millones. Cerca del 11% de los dominicanos tienen ascendencia africana. Los prejuicios raciales y xenofóbicos se manifiestan contra los haitianos, y dominicanos de ascendencia haitiana. Se estiman que tanto como un millón de haitianos viven en el país, muchos ilegales. Las autoridades civiles rechazan regularmente reconocer y documentar como ciudadanos a muchos individuos de ascendencia haitiana. Puesto que muchos padres nunca poseyeron la documentación de sus propios nacimientos, son incapaces de demostrar su propia ciudadanía o el de sus niños. Racismo y ' anti-haitianismo' son los instrumentos ideológicos de gran alcance usados por las clases dirigentes dominicana para justificar y para defender la explotación del trabajo infantil (neoesclavitud). La construcción del racismo anti-africano es un instrumento para justificar la explotación injustificable.

Como dice el New York Times: “Nadie ilustra a ese grupo mejor que los ‘restaveks’, los millares de niños haitianos jovenes entregados por sus padres pobres a familias en mejores condiciones económicas. El término ‘restaveks’ significa “permanecen con,” y es lo que hacen los niños con sus anfitriones, trabajando como criados domésticos a cambio de una azotea sobre su cabeza, un poco de alimento de sobra y, supuestamente, ir a la escuela. En la práctica, sin embargo, los ‘restaveks’ son presa fácil para la explotación. Organizaciones de derechos humanos dicen que los explotan (trabajo), los abusan sexualmente, y niegan acceso a la educación, puesto que las familias anfitrión creen que la educación solamente los hará menos obedientes. UNICEF estima que las tormentas recientes afectaron a 300.000 niños haitianos.



Redacción y edición texto de ROF a base de:
BBC, Miami Herald, New York Times, ONU, UNICEF, y otras fuentes.

2 comentarios:

Por Eliván Martínez Mercado / emartinez1@elnuevodia.com dijo...

Haití naufraga en el lodo

Por Eliván Martínez Mercado / emartinez1@elnuevodia.com

Por qué a un mes de los huracanes Fay, Gustav, Hanna e Ike, el país corre nuevos riesgos de epidemias y hambruna.
El fango cubre sillas, mesas y televisores en el interior de las casas. Bloquea las principales calles, mientras los haitianos sortean baches y obstáculos de lodo mezclado con aguas cloacales que en algunos tramos llegan hasta la cintura. Así se vive todavía en la ciudad de Gonaives, al noroeste de Haití, el país más pobre del hemisferio, tras las graves inundaciones y deslizamientos de tierra provocados por el paso de cuatro huracanes entre agosto y septiembre, según lo cuentan las imágenes de la televisión y entrevistados. Un drama de casi 1,000 muertes y 800,000 damnificados en todo el país, donde se han exacerbado el hambre y el riesgo de epidemias. Las clases en las escuelas no se han reanudado.
“La situación es muy difícil, porque hasta los refugios como la iglesia de Gonaives están llenos de fango. Eso hace que la situación para conseguir un sitio donde dormir sea complicada”, explica en entrevista telefónica desde la ciudad un miembro de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras, el belga Stéphane Gorieny. “El fango por todas partes hace difícil que podamos distribuir alimentos y dar servicios de salud”.
La emergencia humanitaria tras los huracanes Fay, Gustav, Hanna e Ike es peor en Gonaives que la que se vivió en la ciudad durante el destructivo paso de Jeanne en 2004. “La diferencia es que ahora murieron menos personas porque aprendieron que cuando llueve mucho tienen que treparse al techo de las casas”, explica el experto en asuntos haitianos Paul Latortue, hermano del ex primer ministro Gérard Latortue (2004-2006), y decano de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
El daño ha retrasado en unos cuatro años el atribulado desarrollo de Haití, sostuvo la semana pasada ante la ONU el presidente, René Préval. “Cuando la ola de compasión humanitaria se acabe vamos a quedarnos como siempre, verdaderamente solos hasta que otra catástrofe reinicie, como si fuera un ritual, el mismo ejercicio de movilización”, añadió.
El país de 9 millones de habitantes, donde el 80% de la población vive con menos de un dólar al día, no puede asegurar la disponibilidad de comida. Las lluvias provocaron las pérdidas del 60% de las cosechas. Y eso sucede mientras Haití está en medio de una crisis de alimentos que causó en abril pasado protestas que terminaron en la dimisión del primer ministro Jacques-Édouard Alexis . El precio del arroz, el alimento principal, se ha duplicado respecto al año pasado, y la inflación alcanza el 18%.
¿Cómo es posible que el país vecino sufra tanto por los huracanes? El 90% de la corteza terrestre está deforestada. Los haitianos se han llevado por delante los árboles para usar la madera para cocinar, ya que no tienen dinero para comprar otro tipo de combustibles o estufas. Pero los árboles se necesitan para la absorción del agua y evitan que se desprenda la tierra. El problema se agrava por un sistema de planificación urbana desordenada, donde muchas estructuras se levantan sobre los canales de desagüe.
Las consecuencias del problema se vieron por primera vez durante el huracán Jeanne, que provocó más de 3,000 muertos y sobre 300,000 damnificados en Gonaives en 2004. Y aliviar las necesidades surgidas en ese momento ha sido difícil, porque ocurrieron en medio de la crisis social y política de ese año, que causó la dimisión del ex presidente Jean-Bertrand Aristide.
El presidente Préval sostiene que la lentitud de ahora para recaudar la ayuda humanitaria se debe a que los países donantes están empleados a fondo en sobreponerse a la avalancha de la crisis financiera estadounidense. Haití sólo ha recibido el 7% de los $108 millones que pidió la ONU a la comunidad internacional para aliviar la crisis, según el diario capitalino Le Nouvelliste.
“La ayuda está lenta porque hay preocupaciones legítimas de cómo se va a gastar ese dinero, de que en realidad pueda llegar a quienes lo necesitan y nadie lo vaya a robar”, añade Latortue. “Estamos ante un país que ha perdido la capacidad de administrarse y eso no puede taparse con la mano. Eso es lo que pasa en un país donde la miseria es tan grande”.
Cómo ayudar
• Fundación Cívico Haitiana: 787-758-4266
• Comité de Solidaridad con el Pueblo de Haití. Aparte de las recolectas, celebrará un concierto pro fondos este 18 de octubre, en el Coliseíto Pedrín Zorrilla de San Juan, con los Haciendo Punto en Otro Son, Tito Auger, Andy Montañez, Atabal, Mikie Rivera y la cantante haitiana Emeline Michel. Donativo $6.00. 787-747-5767.
• Equipo Los Islanders. Deposite su donativo en la cuenta #018002554 de First Bank o llévelo al juego de hoy contra los Rhinos de Rochester en el Estadio Juan Ramón Loubriel de Bayamón.
El país más pobre del hemisferio
• Expectativa de vida: 58 años. Posición en el mundo 183. Promedio mundial: 66 años.
• Mortandad infantil: 62 muertes por cada 1,000 nacimientos. Posición en el mundo: 37. Promedio mundial: 42 muertes por cada 1,000 nacimientos.
• Alfabetismo (los mayores de 15 años pueden leer y escribir): 52.9%. Promedio mundial 82%.
• Producto Interno Bruto per cápita: $1,300. Posición en el mundo: 199. Promedio mundial: $10,000.
• Prevalencia de HIV/Sida: 5.6% de la población. Posición en el mundo: 20.
Fuente: The World Factbook de la CIA
http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/revistas/revistas/haiti_naufraga_en_el_lodo/468226

Anónimo dijo...

Los dominicanos y dominicanas no discriminamos a los haitianos y ellos trabajan en todas las areas y estan en las universidades nuestras. Lo que pasa es que es una invasion lenta de mas de un millon de haitianos en el pais, que hoy ocupan empleos, servicxios de salud, cuando los recursos del erario publico no alcanzan para nosotros. El problema no es por el color de la piel ni por pobres sino por las razones historicas que los pueblos no la pueden olvidar.

Milly