
Hoy domingo temprano sintonizo la cobertura de los acontecimientos en Haití y les tengo que admitir que el reportaje que veo me sorprende y consterna pero de una manera muy positiva de hecho fascinante y transformadora, aleccionadora y me llena de esperanza. Un comentarista norteamericano reporta desde frente a una de las pocas iglesias católicas sobrevivientes como estructura funcional que celebra su misa dominical. Aunque no repleta, hay una gran cantidad de personas en fervorosa liturgia, los cantos son de alabanza y gratitud ante su Creador. Las personas asistentes no parecen lo que pudiese pensarse son gente sacadas de las dantescas escenas que hemos visto desde el terremoto. La gente bien vestida, limpias y humildes rezan. El comentarista a una dama elegantemente vestida que llega le pregunta si es de las afortunadas que no sufre los embates del sismo tal vez impresionado el reportero por la vestimenta y el ánimo de la mujer. Su respuesta deja al hombre boquiabierto. Todo por el contrario, lleva desde la tragedia viviendo en la calle.

El hombre cuya expresión de asombro era muy visible y notable queda todavía mayormente transfigurado cuando la dama al notar sus gestos le dice que en medio del proceso de buscar dónde y cómo dormir, cómo y cuándo comer, beber agua y asearme mínimamente, en todo momento le daba gracias a Dios por estar viva aunque muchos de sus familiares, amistades y vecinos estaban muertos o desaparecidos. Le dijo la mujer que como quería venir a una misa fuese donde fuese y como fuese, además de buscar un espacio para vivir de inmediato, de buscar comida y agua, ya que había perdido todas sus pertinencias incluyendo ropa, procuró pedir aquí y allá para conseguir que ponerse para venir a misa a darle gracias a su Creador por la vida y por la oportunidad de volver a empezar.

Francamente mi asombro rivaliza con la del reportero y muy de veras agradezco a esa dama haitiana una gran lección. La señora al despedirse del reportero le pregunta si tiene hijos y familia, el reportero, los papeles obviamente invertidos le contesta en la afirmativa. La dama le pregunta seguidamente si su familia (la del reportero) está bien y el comentarista asienta con la cabeza. Sus palabras al entrar a la iglesia fueron: Dale gracias a Dios y cuando los veas dales un abrazo.

En la semana hemos visto tantas imágenes necesarias y urgentes, llenas de dolor y sufrimiento pero ciertamente hemos visto fe, esperanza y un deseo de vivir. Hemos presenciado gente con sus manos y sin herramientas buscando a sus familiares, amistades, vecinos y hasta a desconocidos entre los escombros. Hemos visto miles de tragedias pero tal vez dejamos de percibir millones de milagros al fijarnos en solo un aspecto de la realidad.

Igualmente hemos leído recuentos, descripciones, y opiniones de todos lados. Hago un alto para señalar que en medio de muchas de esas expresiones, solapadas y disimulando ser ideas claras percibo por ratos y en ciertas voces prejuicios y teorías basadas en falta de conocimiento y en argumentos viciados. Un rotativo principal de España, para citar un ejemplo de renombre, editorializa 'Haití ya no existe' y en su argumento plantea:
"Cualquier cifra de muertos es falsa. Para que el número de víctimas del terremoto de Haití se acercara algo a la realidad harían falta dos cosas. La primera es que alguien los hubiera contado, supiera cuánta gente estaba comprando a las cinco de la tarde del martes en el supermercado Caribe o cuántos niños de hasta cinco años durmiendo la siesta o jugando en la guardería Le Petit Prince. Pero nadie lo sabe. Tampoco nadie ha contado cuántos cadáveres han sido quemados ya en las esquinas o cuántos continúan abandonados en medio de las calles -el reportero perdió este sábado la cuenta al llegar a 20 tras la primera media hora de recorrido por el centro de Puerto Príncipe-. La segunda cuestión necesaria es que aquí, en este país antes llamado Haití, hubiese algún tipo de autoridad, municipal o estatal, que tras el seísmo se hubiese hecho cargo de la situación. Pero Haití ya no existe. Su capital sólo es ya un inmenso cementerio en ruinas por el que pasean sin saber hacia dónde millones de personas convertidas en vagabundos."
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Haiti/existe/elpepuint/20100116elpepuint_21/Tes
Se equivoca y se equivoca notablemente y al hacerlo muestra un desprecio racial oculto en su cinismo. La dama de la iglesia tiene una voz de bajo registro que resuena tanto, tanto más fuerte que este periodista que se queja a distancia y la distancia no es geográfica, es humana.
Pero si tuve dudas sobre las prejuicios que operan subyacentes en el autor de estas ideas se corroboraron cuando tras haber mencionado "Todo el mundo habla del número probable de muertos, del último niño rescatado milagrosamente por un bombero europeo que sale sonriente en los telediarios o de la inminente llegada de Hillary Clinton" escribe "La última imagen del presidente René Preval es la de un hombre que balbuceaba ante las cámaras, sin corbata y con los pantalones sucios, que había tenido que abrirse paso entre cadáveres, eso dijo, y que esa noche, la primera tras el terremoto, no sabía dónde iba a dormir. Pero ya han pasado cuatro días con sus noches y nadie sabe a ciencia cierta dónde está Preval ni quién manda en Haití. "
Lo que sucede y donde se le ve el refajo de prejuiciado es que la Madame Secretaria de Estado en su visita y comparecencia en Haití estuvo al lado de Preval a quien no vi balbuceando ni con pantalones sucios, eso sí, sin corbata lo cual para el periodista español desde su lejanía parece ser de vital importancia y gran relieve. Y uno se pregunta sobre valores y sobre como se supone que se vea un Primer Ejecutivo tras un terremoto de 7.0 grados que además destruyó la sede principal de su gobierno (y todos los edificios gubernamentales por cierto) e inclusive le destruye su residencia personal.
No puedo dejar de pensar en el verdadero valor de tener un Rey y una Reina, infantas y toda esa seguidilla de títulos nobiliarios, en el alegado valor simbólico de esos personajes y como de alguna representan lo fundamental de una sociología de clases y de hecho racista indiscutiblemente.
Igual hubo en el mismo rotativo otro comentarista que propone la edición de realidades para que resulten cual un montaje de cine y hagan mayores efectos en un despliegue amablemente desfachatado de falta de sensibilidad trata la tragedia meramente como trata cualquier otra cosa sea decorativo o ornamental.
"Esas imágenes, algunas espectaculares, deben tratarse con mimo y cuando no cumplen la función básica para la que fueron tomadas preservarse como un tesoro. Es un oficio complejo el de informar, cuya virtud reside en la medida exacta. No se trata de ordeñar la vaca del dolor ajeno provocando un chaparrón emotivo, sino de excitar aquella neurona que nos hace más conscientes del lugar que el ser humano ocupa en el universo. Nos deja más tristes, pero mejor informados."
Tras una redacción trabajada yace el meollo del dilema, el periodista como oficio que escoge segmentos, temas e imágenes con la pasión de autosatisfacerse, de ser un artista del lienzo como parece proponerlo la pieza citada o el periodista como reflejo de la realidad e investigador de las fuerzas que crean dicha realidad. En todo una interrogante de esa distancia, esa lejanía del sujeto, la postura del redactor en su comodidad intentando moldear a su antojo informaciones para lograr su objetivo o la cercanía, la empatía hecha suceso verdadero y palpable.
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Haiti/existe/elpepuint/20100116elpepuint_21/Tes
Regreso a este debate pero antes les dejo con un buen recuento sobre Haití que me llega desde Méjico: Haití: es necesario torcer la mala suerte de Marcos Roitman Rosenmann.

Tras la dictadura de los Duvalier (1957-1986), Haití, el país mas empobrecido de América Latina, daba un giro de 180 grados a su historia reciente. La lucha por la democracia impedía perpetuarse en el poder a la saga familiar. El hijo pródigo de Papa Doc, François Duvalier, Jean Claude, apodado Baby Doc, veía frustrada su intención de ser presidente vitalicio. Dos años después de coronarse debía abandonar Haití rumbo a Francia en 1987.

Las luchas democráticas lograban un éxito sin precedentes. Los años de ocupación norteamericana (1915-1934) dejaron un triste legado. La Guardia de Haití, y un cuerpo de élite, los tonton macoutes. Era el tiempo de enfrentarse a ellos. El regreso de exiliados, trabajadores cualificados, profesionales e intelectuales, transformaba la cara de un país asolado por el hambre, el terror y la miseria. El miedo a los tonton macoutes se perdía lentamente. Afloraba la ilusión, había que torcer la suerte. Tras un intento de restauración totalitaria, que da la victoria a Leslie Manigat en 1988, las fuerzas democráticas conseguirán un triunfo histórico dos años mas tarde. El 16 de diciembre de 1990, ganará las presidenciales el padre Jean Bertrand Aristide, sacerdote con un carisma sin parangón, militante de la Teología de la Liberación. Su triunfo era un proyecto de dignidad democrática. El pueblo haitiano nunca ha sido invitado a sentarse en la mesa, ha permanecido años debajo de ella, es necesario que se levante, se siente y participe. Solos somos débiles, juntos somos fuertes, muy juntos somos una avalancha sentenciaría.

Poco duraría su deseo. A menos de un año, sufrirá un golpe de Estado. La instauración de un gobierno civil de facto deja en el poder al hombre fuerte de los militares, el general Raoul Cedras. El retorno de Aristide deberá esperar. Los acuerdos firmados en julio de 1993, durante la administración Clinton, levantaron expectativas, pero fueron la sentencia de muerte de la experiencia democratizadora. Sus puntos quedaron en papel mojado. Poco se hizo para cumplirlos. Entre ellos destacaban: a) el nombramiento de un nuevo primer ministro; b) la amnistía política; c) la separación entre el ejército y la policía, y d) la llegada Haití de una misión civil de la ONU para cooperar en la profesionalización del ejército. Amén de la dimisión de Cedras y la entrega del poder al presidente Aristide el 30 de octubre de 1993.

Un proceso de militarización y recomposición de los tonton macoutes inaugura un periodo de represión. El asesinato de Antoine Izmery, empresario amigo de Aristide, y Guy Malary, ministro de Justicia del gobierno constitucional, el 11 de septiembre de 1993, dan al traste con las opciones de recomponer el proyecto democrático. Al unísono, emerge un informe médico apoyando la tesis de una enfermedad mental que aqueja al presidente Aristide. Las agencias de prensa, las televisoras y los medios de comunicación se harán eco del mismo. Será el pretexto para incumplir los tratados. El terror se impondría bajo una nueva organización paramilitar, el Front pour l’Avance et le Progres d’Haiti (FRAPH).

Desde ese año nunca dejarán de estar presentes los cascos azules. Bajo un pretendido control y como parte de una misión democratizadora, se mantienen hasta estos días. En 2004 se da otra vuelta de tuerca. Se aprueba el ingreso de más de 7 mil cascos azules y 2 mil policías. Se trataba de estabilizar el país. La soberanía está secuestrada. Baste señalar que el jefe de la policía, Mamadou Moutanga, es de nacionalidad guineana.

Hoy, el terremoto destapa los límites del capitalismo global, donde los únicos beneficiarios son las empresas trasnacionales y de maquila. Mismas que se llenarán los bolsillos en los proyectos de reconstrucción. Mientras tanto, las cifras son obscenas. El 20 por ciento más rico concentra casi 50 por ciento de las riquezas y el 10 por ciento más pobre sólo accede al 0,7 por ciento de las mismas. Asimismo, 40 por ciento del producto interno bruto proviene de las remesas de los inmigrantes y 47 por ciento de la población adulta es analfabeta.

El terremoto, es un duro golpe de la naturaleza que se une a las adversidades políticas de un pueblo que no ha dejado de luchar por la democracia. Sin embargo, hay que perseverar. Haití se merece un futuro mejor. Mas temprano que tarde esa avalancha democrática que fue Lavalas no será una utopía. Pero ahora toca arrimar el hombro y cooperar. Es obligatorio torcer la suerte de una nación que se merece un futuro mejor y que su pueblo lo busca con ahínco.
http://www.jornada.unam.mx/2010/01/16/index.php?section=mundo&article=020a1mun

La diferencia entre saber y solo presumir, entre la verdadera preocupación de informar y el querer impresionar basado en prejuicios, es abismal y no creo que gratuito. Hay una lucha entre visiones y en Haití, en la manera que lo interpretas y lo que te ocasiona descubres una mirada a tu alma. Para terminar voy a incluir otra opinión acerca del momento que vive Haití con otra perspectiva muy interesante, la del novelista y profesor de literatura Madison Smartt Bell para reflejar los contrastes que provoca esta historia haitiana actual.

Hoy es un buen día para recordar que en Haití, nadie muere siempre realmente. Los muchos millares quienes golpeados han perdido la respiración y sus cuerpos en el terremoto, y los millares más que no sobrevivirán físicamente las consecuencias, experimentarán una transformación de estado, según los preceptos del Vudú haitiano, una cierta forma practicada por mucha de la población. Los espíritus de los muertos haitianos - 'sa nou pa we yo', ésos que no vemos - no se alejan como en otras religiones sino que se quedan extremadamente cerca de los vivos, invisibles pero tangibles, habitando un universo paralelo en el otro lado de cualquier espejo, debajo de la superficie de toda las aguas, apenas detrás del velo que nos divide de nuestros sueños.

Ese depósito espiritual extraordinario es la fuente de la visión religiosa haitiana del mundo - tan poderosa como cualquiera hoy. Tan a menudo como se entiende mal y representa distorsionadamente al Vudú haitiano, con todo lo que contiene de la cuna del nacimiento de la humanidad en África y combinado con el catolicismo romano, ha permitido a los haitianos reírse de la muerte, como han necesitado demasiado a menudo hacer.

Durante la revolución haitiana que se extiende una década desde que comenzó en 1791 - el único acontecimiento en la historia de la humanidad donde la libertad fue ganada por los esclavos africanos para sí mismos fue a la fuerza de las armas - un preso negro aguardaba la ejecución en el fuego. Vamos, suponen que dijo a sus compañeros, demostremos a esta gente cómo morir. Él subió sobre la pira el mismo y permanece allí, sin pronunciar otro sonido, hasta que el fuego lo consume.

La energía de las almas no perdidas regresa nuevamente al mundo vivo, no sólo en una de las pocas religiones actuales que permiten que los creyentes converses cara a cara con sus dioses, pero también en una cultura extraordinario rica, fértil y (a pesar todo) optimista. Haití brinda un panorama brillante de arte visual y una abundancia de música atractiva e hipnótica, mucha de ella arraigada en los ritmos ceremoniales. Por los últimos 50 años una literatura haitiana notable, viva y sofisticada ha estado saliendo a raudales, es su idioma una lengua cambiante tan fecunda como el inglés del tiempo de Shakespeare. El mundo haitiano no es todo sufrimiento, está lleno de tesoros. Madison Smartt Bell
http://www.nytimes.com/2010/01/17/weekinreview/17bell.html?ref=americas

Contrastes, diferentes formas de enfrentar la realidad, diferentes maneras de aproximarse a la experiencia haitiana, insisto es un espejo donde nos vemos nosotros mismos con nuestra fe o ausencia de ilusiones, nuestros principios o nuestros prejuicios, nuestro optimismo o nuestra desesperación.
roberto 'pachi' ortiz feliciano
traducción de ROF

















Fotografias de The New York Time, Washington Post, Yahoo News y otros.