domingo, 25 de julio de 2010

Cerro Maravilla: Se escuchó una voz masculina que indicaba que le notificaran al Superintendente que la misión había sido cumplida...


Los asesinatos del Cerro Maravilla han cobrado visos de leyenda, muchas personas conocen lo que constituye tal vez un asomo o una aproximación de lo que verdaderamente y sin dudas sucedió. Existe un documento, el caso Pueblo de Puerto Rico Apelado v. Rafael Moreno Morales Acusado-Apelante (132 DPR 261) que contiene una narrativa escueta de los hechos. En muchas ocasiones he recomendado la lectura de este texto a personas que han palidecido ante el encuentro frontal con la verdadera historia desnuda. Es una lectura obligada, no voy a alterar su contenido ni editorializar ya que creo que los hechos hablan por si solo:

(1ro. de julio al 24 de julio de 1978).
Para julio de 1978, la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico la dirigía el Comandante Angel L. Pérez Casillas. Allí se desempeñaban, entre otros, los agentes Jaime Quiles, Carmelo Cruz, Antonio Méndez, el apelante Moreno Morales, Sgto. Nelson {DPR 265} González, William Colón, Juan Bruno González, Jorge Hernández Colón, José Antonio Colón, Rafael Torres Marrero y José Manuel Montañez. (E.N.P., 102-105). Los agentes Miguel Cartagena Flores, Nazario Mateo Espada y Carlos Santiago Borrero trabajaban en la Oficina de Inteligencia de Ponce. (E.N.P., 6). A través de sus agentes encubiertos y confidentes, la División recibía información sobre personas que alegadamente militaban en grupos que atentaban contra la seguridad o estabilidad del país. Esas personas eran investigadas y se les abría un expediente.

(E.N.P. 105). Alejandro González Malavé, uno de los agentes encubiertos, para julio de 1978 se había infiltrado en el grupo denominado Movimiento Revolucionario Armado (M.R.A.), compuesto por Darío Rosado, Soto Arriví, Ramón Rosado y Erich Rodríguez. (E.N.P., 20).

El 1ro. de julio el Sargento Miguel A. Vázquez, de la División de Inteligencia, informó al Comandante del Area de Ponce, y éste a su vez al Distrito de Jayuya, que alertara el personal porque Saunders y Figueroa planeaban traer armas de Santo Domingo y utilizarlas el 4 de julio.

Se indicó que andaban en un auto Volkswagen color amarillo, año 1973. Así se hizo. (E.N.P.,78). Para el 2 de julio, el agente Hernández Colón había investigado y verificado que la confidencia era falsa. Ese mismo día redactó y dirigió un informe al Comandante Pérez Casillas y personalmente lo informó al Sgto. González. (E.N.P., 89-90, 95).

El 3 de julio, el Tte. Roberto Santiago, Director de Inteligencia del Area de Ponce, informó al Distrito de Jayuya que un Volkswagen amarillo del año 1973, con otro color en el guardalodo, parte posterior, "se proponen destruir las torres de Maravilla" y otras, que andan armados y saben [PAG. 10214] bregar con explosivos; son peligrosos. Instruyó "detener[los y] registrarlos". La información se transmitió a todo el personal policíaco de Jayuya. (E.N.P., 81). En virtud de esta información, durante los días 1 y 3 de julio, {DPR 266} los agentes Santiago Borrero, Ramón Rodríguez y otros, prestaron vigilancia en el área del Cerro Maravilla.

Pérez Casillas, Quiles y Cruz sabían del M.R.A. y el contenido de los informes de González Malavé. (E.N.P., 19-20). Para esa época, Darío Rosado, Soto Arriví, Figueroa y Saunders tenían carpetas abiertas por Montañez a petición de Pérez Casillas. (E.N.P., 106).

El 5 de julio, González Malavé informó que el M.R.A. planeaba, entre otros actos, quemar unas antenas transmisoras del FBI en Jayuya. El 10 de julio comunicó que Darío Rosado tenía planes de quemar unas torres propiedad del gobierno federal en el área de Toro Negro. El 18 de julio volvió a informar sobre el plan de ir a Toro Negro. Pérez Casillas y Quiles le instruyeron que continuara con ese plan.

El 19 de julio, José A. Colón Ortiz, fotógrafo de la División de Inteligencia, trató, pero no pudo tomar, por las condiciones del tiempo, unas fotos aéreas desde un helicóptero del área de Toro Negro. (E.N.P., 71-72). El 20 de julio, junto al Teniente Quiles lo logró de todas las torres del área y del Yunque. (E.N.P., 72 76).


El 20 de julio, sin mediar solicitud, González Malavé recibió un revolver calibre 33 de Cruz por instrucciones de Pérez Casillas y Quiles. (E.N.P., 23). El 21 de julio, González Malavé informó que el grupo M.R.A. planeaba hacer un viaje de observación a las torres de Toro Negro el 23. Al otro día, rindió un informe más detallado. (E.N.P., 21).

En la madrugada del 23 de julio fueron a Toro Negro, Pérez Casillas, Quiles, Montañez Cruz, Colón Ortiz y Torres Marrero. Allí, Pérez Casillas impartió instrucciones de vigilar y corroborar si llegaban unos individuos a reconocer el área. Montañez se ubicó entre la vegetación de la Torre de la Policía. Las personas no llegaron y Pérez Casillas levantó la vigilancia. (E.N.P., 27; 107-109).

Ese día, Pérez Casillas fue a la Torre de la Policía y le {DPR 267} preguntó al policía Jesús Quiñones Quiñones, adscrito al Cuartel de Villalba, a quién pertenecían las edificaciones del lugar. Luego abandonaron el lugar. Poco después, llegó otro vehículo con el Teniente Quiles y el agente Montañez, y le indicaron a Quiñones Quiñones que estaban verificando las condiciones de los sitios, pues pensaban llevar a cabo una especie de adiestramiento en esa área. (E.N.P., 181-182).

Subsiguientemente, en horas de la tarde, en reunión en el Cuartel de distrito de Jayuya con el personal de Inteligencia de San Juan, se les informó a los policías uniformados, que tenían una confidencia de unas personas que iban a ir a las torres - no se sabía si era Puntilla o Maravilla-, que los que estuvieran allá arriba no deberían intervenir, pues ellos lo harían. (E.N.P., 64-65, 67).

El 23 de julio, González Malavé comunicó que planeaban ir a Toro Negro el 24. (E.N.P.21).

El 24 de julio, acaecieron varios incidentes significativos. En la mañana, el Teniente Quiles solicitó al Policía Anibal González Rodríguez, examinador de armas de fuego, que alterara unos cartuchos de escopeta calibre 12 sacando y sustituyendo las municiones por algodón o papel de relleno. Le informó que era para un agente encubierto a usarse en un operativo. Cuando González Rodríguez le dijo que no podía hacerlo sin que se notara la alteración, Quiles le indicó: "bueno, pues déjalo así, que se fastidie, se joda el encubierto si hay que joderlo". (E.N.P., 98).

Cabe señalar que González Malavé tenía una escopeta recortada en su casa. (E.N.P., 31).

Ese mismo 24 de julio, al mediodía se trasladaron hacia Toro Negro un grupo de agentes de Inteligencia (Pérez Casillas, Quiles, Montañez, el apelante Moreno Morales, Nelson González, Bruno, Colón Berríos, Ríos, Erazo y Torres Marrero) junto con Julio César Andrades, José Ríos Polanco, Luis Reverón, Rivera Falú y otros más de la División de Arrestos Especiales del NIC. {DPR 268} Llevaban chalecos a prueba de balas, armas largas y sus armas de reglamento. (E.N.P., 110; 112; 137). Se reunieron en el estacionamiento del Cerro Puntita. Allí Pérez Casillas impartió instrucciones de proteger las torres. Indicó que vendrían unos individuos sumamente peligrosos, "dos terroristas acompañados de un agente encubierto", que pernoctarían en el lugar para el día siguiente llevar a cabo un atentado terrorista contra las instalaciones de algunas de las torres de comunicaciones; y que de llegar allí, se les arrestara. El apelante Moreno Morales estuvo en esa reunión. El personal se distribuyó en diferentes puntos. (E.N.P., 112; 137).


Esa tarde, cuando el guardia Rivera Cintrón llegó al Cerro Puntita, unos agentes de inteligencia le indicaron que esperaban unos subversivos que vendrían con un agente encubierto para destruir lo que había en las torres; no sabían si en Puntita o en Maravilla; y, que había otros agentes enMaravilla. Si alguien subía, debía meterse en la caseta pues estaba uniformado y ellos intervendrían. A preguntas de Rivera Cintrón le informaron que si surgía un tiroteo "el encubierto va a disparar primero, para nosotros saber que ese es el policía". (E.N.P., 66, 67, 68).

Así las cosas, varios agentes, con armas largas, chalecos a prueba de balas, radios transmisores y binoculares, llegaron a la Torre de la Policía. Se mantuvieron separados del guardia Quiñones Quiñones, excepto para preguntarle dónde comer y pedirle prestado un chaleco que el les [PAG. 10215] negó. (E.N.P.,181-182).

Transcurrieron las horas. En la madrugada del 25 de julio González Malavé llamó e indicó a Cruz que quería verlo. En el estacionamiento de Sears, le informó a Cruz y a Quiles que el plan se había reinstalado e irían a Ponce, tomarían un rehén, le quitarían el vehículo y se dirigirían a las torres. Fue instruido que debía proteger al rehén, y si ocurría un ataque contra el grupo, gritara que era policía. Quiles le indicó que en el área había personal cualificado {DPR 269} para protegerlo y que Torres Marrero lo iba a identificar como agente para que no le hicieran daño. [3] Además de González Malavé, irían Darío Rosado, Soto Arriví y Rosado. Se reunirían frente a la U.P.R. (E.N.P., 22; 24).

Temprano en la mañana del 25, Cruz y Méndez salieron hacia Río Piedras para vigilar a los jóvenes. El primero en llegar fue González Malavé -con una mochila del tipo que usan los estudiantes para cargar libros-, luego Darío Rosado y más tarde Soto Arriví. Los vigilaron y siguieron desde que abordaron un vehículo en la plaza de Río Piedras hasta que se bajaron cerca del Tribunal Superior en Ponce. Méndez transmitía información por radio, pero no recibía respuesta. (E.N.P., 23-25, 44-45). Después de caminar un tramo los jóvenes hicieron una señal al vehículo público conducido por Julio Ortiz Molina. Por el lado del pasajero, Darío Rosado le apuntó con un arma corta y le dijo que era un asalto, abrió la puerta y entró al vehículo. (E.N.P., 25, 52). Soto Arrívi se montó en el asiento trasero y encañonó a Ortiz Molina por el cuello. (E.N.P., 25, 52). González Malavé, armado, lo empujó y le dijo "necesitamos este carro", échese para allá, no haga nada, ni se ponga listo porque si tenemos que liquidarlo, lo liquidamos" (E.N.P., 35, 46, 53). Los agentes Cruz y Méndez observaban como a 150 ó 200 metros y cuando este último trató de intervenir, Cruz lo detuvo informándole "que esta gente deben o tienen que llegar". (E.N.P., 25, 46). Continuaron siguiéndolos hasta llegar al area de Toro Negro. (E.N.P., 25-26, 46). {DPR 270} Dicho seguimiento y transmisiones se escucharon por la radio del retén del Cuartel de Jayuya y por los auto patrullas de ese Distrito, a traves de una comunicación que provenía de Ponce. (E.N.P., 65, 68, 70, 71).

Tambien esa mañana, Pérez Casillas, Quiles, Montañez y González fueron trasladados desde el aeropuerto de Isla Grande al de Mercedita en Ponce por el piloto Angel Luis Candelas en dos viajes: en el primero Pérez Casillas y Quiles. (E.N.P., 2,4, 116). A solicitud de Pérez Casillas sobrevolaron por aproximadamente cinco (5) minutos el área del Cerro Maravilla, Puntita y la Torre de la Policía. Abajo había personal en mamelucos de color oscuro, tipo uniformes, que hacían ademanes con las manos. (E.N.P., 3). En el aeropuerto Mercedita, los esperaba Cartagena Flores; después llegaron Mateo Espada y Santiago Borrero. (E.N.P. 7, 302). Allí, Cartagena Flores escucho a Perez Casillas decir que había recibido información confidencial de que un grupo de terroristas armados peligrosos, planeaban sabotear unas torres en Toro Negro. Que en el grupo venía un agente encubierto y posiblemente un rehen, y debían hacer todo lo humanamente posible por salvarle la vida al rehén, "pero que los individuos no podían o no debían bajar vivos del sector de Toro Negro". (E.N.P., 18).

Mientras tanto, en el Aeropuerto de Isla Grande, el piloto Candelas recogió a Montañez y a González y puso en el avión el equipo consistente de escopetas y material para encender carbón ("barbecue starters"). Durante el vuelo se comentó que iban para un área de picnic, "había la probabilidad de que hubiera pelea y que probablemente tuvieran que arrancar cabezas." (E.N.P., 4, 114).


Eventualmente todos los agentes que estaban en el Aeropuerto Mercedita arribaron a la Torre de la Policía. El policía Quiñones Quiñones notó más personal que el día anterior, que se comunicaban por radios transmisores, tenían armas largas y vestían ropa de fatiga. {DPR 271}

Estaban Pérez Casillas, Quiles, Cartagena, Nazario Mateo, Montañez, González, Santiago Borrero, Colón Berríos, Bruno, Torres y el apelante Moreno Morales. (E.N.P., 8; 116; 303). Pérez Casillas los reunió y les indicó que cubrieran las facilidades; que tenía información de que ese día un grupo de izquierdistas se disponía atacar las torres allí enclavadas; que venía un agente encubierto y posiblemente rehén, probablemente un conductor de carro público; que si esa gente llegaban allí no podían bajar vivos (E.N.P., 303; 116); que ya venían de camino (E.N.P., 146) "y que se le diera a los terroristas un tiro o un tirito" (E.N.P., 116; 143). Posteriormente, el apelante Moreno Morales le comentó a Pérez Casillas que en las facilidades de Rikavisión "había un técnico y que era de los buenos". (E.N.P., 303; 312). Después de esas instrucciones, Quiles sacó una fotografía de un cartapacio y se la mostró a Nazario Mateo, Cartagena y Santiago Borrero.

La foto de González Malavé, tipo fichero, reflejaba una persona con pelo abultado, tipo afro, con una boina y una camisa tipo fatiga. (E.N.P., 8, 303). Mientras se efectuaba esta reunión llegaron unas monjas a la Torre de la Policía, y se les impidió quedarse indicándoles que "estamos esperando visita". (E.N.P., 128; 304).

Conforme sus propias instrucciones, Pérez Casillas, Cartagena Flores y Santiago Borrero salieron hacia el Cerro Puntita (E.N.P., 8, 304). Por su parte, Montañez y Colón, con rifles AR- 15, junto a Bruno que llevaba una escopeta calibre 12, fueron hacia las facilidades de Rikavisión. (E.N.P., 116). Como los vehículos de las monjas también se dirigían hacia Rikavisión, Montañez les dijo que no podían estar allí. Sor María Asunción Jiménez siguió, por lo que Montañez le gritó molesto y reiteró su orden. Cuando los agentes se bajaron del vehículo frente a Rikavisión, Sor María Asunción Jiménez decidió rápidamente irse. (E.N.P., 178-179).

[PAG. 10216] Montañez instruyó a Torres y a Ríos Polanco, no disparar {DPR 272} desde dentro de la estructura de Rikavisión, para que no fueran a herir en un fuego cruzado a los agentes afuera. (E.N.P. 116-117, 147). Luego, los otros tres agentes se movieron hasta cerca de la Torre de la Telefónica y se ocultaron en la vegetación a esperar. (E.N.P., 118; 147). Poco después subió un segundo vehículo ocupado por un caballero, quien al ver a Montañez vestido con ropa de fatiga, chaleco a prueba de balas, radio walkie-talkie y un rifle AR-15, se marchó. (E.N.P., 118-:19).

Contemporáneamente, durante el trayecto hacia el Cerro Maravilla Ortiz Molina trató de persuadir a los jóvenes que lo dejaran bajar. Estos lo amenazaban y mandaban a callar. González Malavé conducía y tenía el arma debajo de la pierna; conocía la ruta, ya que hizo todos los virajes correctamente. (E.N.P., 25; 46; 53-54). Cartagena Flores vio pasar el vehículo público por el área de estacionamiento de Puntita. (E.N.P., 8). Luego Cruz y Méndez llegaron y se detuvieron a conversar con Pérez Casillas. (E.N.P., 8; 26; 46). Pérez Casillas y Cartagena Flores entonces regresaron a la Torre de la Policía (E.N.P., 9; 26), mientras Cruz y Méndez siguieron detrás del vehículo público. (E.N.P., 26). En el vehículo secuestrado uno de los jóvenes se dio cuenta que habían pasado la torre, por lo que viraron y entraron al estacionamiento de Puntita. (E.N.P., 53-54). Cruz, al percatarse, también viró. (E.N.P., 26). Otra vez, uno de los jóvenes comentó que no iban por la carretera correcta, pues a las torres el carro llegaba, por lo que viraron a la ruta original. (E.N.P., 53- 54). Igual hicieron los agentes. (E.N.P. 26; 46). El joven al lado derecho de Ortiz Molina sugirió dejarlo por allí, pero González Malavé se negó, porque estaban perdiendo mucho tiempo. (E.N.P., 54). Luego, el que iba al lado derecho dijo, "de ahora en adelante se hace lo que yo diga". (E.N.P., 54).


Al llegar al área de Rikavisión, éstacionaron el vehículo {DPR 273} frente a las torres del Canal 7. (E.N.P., 54; 118; 150). Los jóvenes se bajaron y se dirigieron hacia la parte posterior del vehículo donde se intercambiaron las armas. (E.N.P., 54). Mientras tanto el agente Montañez activó su rifle AR-15 en forma silenciosa para evitar el menor ruido posible. (E.N.P., 119; 151).

Salió al frente, con Colón y Bruno detrás, y se acercaron al vehículo agachados con sus armas largas en posición de disparar, sin que los jóvenes se percataran. (E.N.P., 119; 54). Montañez reconoció a Darío Rosado, quien tenía una careta de esquiar en la cabeza hasta la frente y unas gafas con montura oscura; González Malavé tenía guantes puestos. (E.N.P., 118-119; 127-128). Ortiz Molina se acostó en el asiento para protegerse. (E.N.P., 54); Montañez les dio el alto e identificó como Policía. (E.N.P., 119). Los primeros disparos surgieron detrás del vehículo. (E.N.P., 54). Darío Rosado, que estaba más cerca de Montañez disparó y dicho agente también les disparó. (E.N.P., 119-120; 151-152). En ese momento comenzó un tiroteo simultáneo. (E.N.P., 54).

Las personas buscaron refugio en los arbustos y Montañez se lanzó de bruces al terreno e hizo varios disparos hacia el lateral del vehículo. (E.N.P., 120, 151-153). Acto seguido una voz gritó: "no me tiren, que soy agente"; "estoy herido". (E.N.P., 54; 122; 156). Otra voz dijo: "Auxilio, me rindo". (E.N.P., 54).

Desde los arbustos donde estaban los jóvenes salieron por el aire dos armas tiradas. (E.N.P., 120-121; 153). En ese momento se calmó el tiroteo. (E.N.P., 54).

Montañez les ordenó que salieran de donde estaban ocultos con las manos en alto. Salieron Darío Rosado y Soto Arrívi. Mientras caminaban el agente Bruno les disparó sobre la cabeza para amedrentarlos. (E.N.P., 121; 153-154). Se les ordenó y se acostaron en el piso, boca abajo, con los brazos abiertos en forma de cruz. (E.N.P., 121; 154). {DPR 274} Montañez dejó a Bruno vigilándolos. (E.N.P., 121). Luego de ese arresto, no había ningún peligro a la seguridad del personal. (E.N.P., 173).

Entonces Montañez y Colón fueron y encontraron a Ortiz Molina acostado en el asiento o en el piso del auto. (E.N.P., 121; 155). Uno de ellos le ordenó salir y al Ortiz Molina indicarle que era una víctima, le dijo: "sal de ahí o te acribillo ahí mismo". (E.N.P., 54-55). Luego de salir, Colón le lanzó violentamente con la culata del rifle golpeándolo en una mano. (E.N.P., 55; 121; l55; 185). Montañez lo empujó, y Ortiz Molina cayó al piso, al lado de los jóvenes. (E.N.P., 55; 121; l55). Montañez dejó al chofer público a cargo de Colón y fue a atender a González Malavé. (E.N.P., 122; 156- 157). Los agentes patearon a Ortiz Molina y uno de los jóvenes les dijo que era inocente y que por favor no le hicieran daño que no tenía nada que ver con lo ocurrido. (E.N.P., 55; 185).

Al ver a González Malavé, Montañez pensó que estaba gravemente herido y salió corriendo en busca de ayuda para llevarlo al hospital. (E.N.P., 122; 157).

Cuando Cruz escuchó las detonaciones de distintas armas de fuego aceleró la marcha del vehículo. (E.N.P. 27; 46). Quiñones Quiñones, que se encontraba trepado en la Torre de la Policía, le gritó y aviso al personal que estaba allí. (E.N.P., 184 ) . Todos los presentes, incluyendo a Pérez Casillas y al apelante Moreno Morales salieron en vehículos hacia allá. (E.N.P., 9; 184).

Llegaron como diez (10) agentes a Rikavisión (E.N.P., 123), y encontraron a Montañez corriendo con un arma larga, exaltado y nervioso; les comunicó que hirió al confidente: "me equivoqué , metí la pata". (E.N.P., 9; 27;47). Le informó a Pérez Casillas lo sucedido y juntos subieron a la parte alta de Rikavisión. (E.N.P., 122; 157). Pérez Casillas le puso unas esposas a Soto Arriví (E.N.P., 122); blasfemó a Dios y dijo "que eso no era lo que él les había dicho que [PAG. 10217] hicieran". (E.N.P., 309). {DPR 275}

Los agentes mantenían a Darío Rosado y Soto Arriví arrodillados o acostados en el pavimento (E.N.P., 9; 28) estaban a su alrededor, con armas largas y en posición de alerta. (E.N.P., 9; 28).

Se encontraban Bruno (E.N.P., 28; 124), Colón Berríos (E.N.P., 28; 124; 159), Reverón Martínez (E.N.P., 28; 124; 159), Torres Marrero (E.N.P., 28, 124, 159), Quiles (E.N.P., 28, 159), Ríos Polanco (E.N.P., 47; 124), Montañez (E.N.P., 38; 124), el apelante Moreno Morales, (E.N.P., 47; 124), Méndez (E N.P., 124; 159), Mateo Espada (E.N.P., 124; 159; 309 ), González (E.N.P., 124; 159 ) y Pérez Casillas (E.N.P., 124; 159).

Darío Rosado le indicó a Montañez que quería ser confidente de la Policía, y éste indignado, le propinó una patada en la cara (E.N.P., 124; 161; 169). Le iba también a pegar a Darío Rosado con algo y González le sugirió la mitad de un saco de cemento endurecido que allí había. (E.N.P., 124; 125; 163).

Entonces, el apelante Moreno Morales lo levantó para descargarlo sobre la cabeza de Soto Arriví, pero se lo impidieron (E.N.P., 125; 162 176-177). Mientras ocurrían los insultos y agresiones, los jóvenes no representaban ningún peligro para la seguridad de los agentes pues estaban desarmados y uno esposado; además, la contextura física de ellos no igualaba a la de los agentes (E.N.P., 124). Los jóvenes no contestaron las palabras obscenas. (E.N.P., 9-10; 124).


Los ánimos de los agentes "no eran normales, estaban un poco exaltados" (E.N.P., 15). "Había un descontrol total", como una histeria o locura colectiva" (E.N.P., 47; 50; 124), consistente en que "todo el mundo participaba en las agresiones y palabras que se estaban diciendo" (E.N.P., 52, 124); en que se les dieron patadas; en que el apelante Moreno Morales intentó atacar a los jóvenes con un objeto: y que les dispararon. (E.N.P., 50; 52). {DPR 276} Ni Pérez Casillas, como tampoco ningún otro agente lo impidieron. (E.N.P., 124-125).

Coetáneamente, Quiles y Cruz salieron hacia el hospital con González Malavé (E.N.P., 9; 28; 47; 123; 159). Todavía los jóvenes estaban acostados boca abajo, vivos y hablando; Soto Arriví esposado (E.N.P., 9-10; 28; 161; 123). Al llegar al Centro de Salud de Jayuya, González Malavé aunque consciente, estaba pálido y tenía golpes en las manos (E.N.P., 190). Presentaba una herida en el quinto dedo de la mano derecha que hacía que el dedo colgara. Además, tenía algunos orificios en el costado derecho. Sus signos vitales eran normales; no estaba en estado crítico. Se mantuvo de pie todo el tiempo (E.N.P., 192-193). Quiles le indicó al Dr. José Ramos Rivera que había sido herido en un tiroteo entre la policía y unas personas, y que había otra persona más herida (E.N.P., 193). A petición de González Malavé, el Dr. Ramos Rivera le recetó demerol para el dolor y luego lo refirió al Hospital de Distrito de Ponce. (E.N.P., 190; 193).

Paralelamente Cartagena Flores recibió órdenes de sacar del lugar a Ortiz Molina y llevarlo a la Torre de la Policía (E.N.P., 9). Cuando Ortiz Molina salió continuaban dándole golpes a los jóvenes que estaban vivos (E.N.P., 55; 56). En la Torre de la Policía, el policía Quiñones Quiñones le preguntó a Cartagena Flores qué ocurría y éste, con el dedo índice le comunicó que se callara (E.N.P., 184). Quiñones Quiñones preguntó si había algún policía herido a lo que Cartagena Flores contestó en la afirmativa, y que habían dos muertos (E.N.P., 184). Ante ello, Ortiz Molina intervino y le dijo a Quiñones Quiñones: "no, no, los muchachos están vivos, que muchas patadas le han dado a esos muchachos". Le dijo además, que tenían a uno agarrado por el cuello y otra persona lo apuntaba con un rifle a la vez que le decía: "hijo de la gran puta, tú no querías matar un guardia", y le decían también "acribíllalo, acribíllalo" (E.N.P., 184). {DPR 277} Luego Cartagena Flores se marcho y regresó a Rikavisión (E.N.P., 10; 184).

Ese mismo día Ortiz Molina contó lo sucedido a Félix Santiago Torres, agente del NIC de Ponce. (E.N.P., 206).

Cuando Cartagena Flores regresó a Rikavisión, todo se veía normal (E.N.P., 16). Los jóvenes continuaban arrodillados y los agentes, el apelante Moreno Morales, Reverón, Bruno y Torres les apuntaban en posición de disparar (E.N.P., 10). Los dos jóvenes estaban vivos y hablando (E.N.P., 10). González le dijo a Reverón "tírale"' y "el le tiró con una escopeta y le disparó a Darío Rosado" (E.N.P., 10-11); 48; 128), quien estaba con una de las rodillas en el piso (E.N.P., 48; 222; 282; 283 y 286), y no tenía armas (E.N.P., 124, 128). Luego le quitaron las esposas a Soto Arrívi (E.N.P., 125-126), y el agente Torres Moreno le disparó con un revólver (E.N.P., 48), pero no lo mató (E.N.P., 244-245), sólo lo hirió en el muslo derecho y en la pierna izquierda (E.N.P., 235-236). Después de esas heridas Soto Arrívi no podía estar de pie (E.N.P., 236; 285), y le dijo: "estoy herido nada más, tírame a la cabeza" (E.N.P., 128). Al ver que Torres Marrero no se atreveía a disparar, el apelante Moreno Morales le arrebató el arma y le disparó (E.N.P. 48 128 165) un tiro al pecho que le ocasionó la muerte (E.N.P. 237-238). Como Soto Arriví levantó el brazo "tratando de esquivar" (E.N.P., 48, 244, 285), el impacto de bala le fracturó el hueso del codo (E.N.P., 236; 244). Cartagena Flores, quien se alejaba para no ver, escuchó las detonaciones y vio un movimiento de retroceso en los brazos de Reverón y de Moreno Morales (E.N.P., 10-11). Quiñones Quiñones y Ortiz Molina escucharon las detonaciones (E.N.P., 55; 185). Había transcurrido entre 10 ó 15 minutos desde que se habían llevado a González Malavé (E.N.P., 55; 126).

Cartagena Flores le preguntó a Pérez Casillas por qué {DPR 278} había ello sucedido y éste le contestó: "se lo merecían; algo así, porque le estaban haciendo mucho daño a Puerto Rico".


Luego le dijo: "vamos a romper la escena, llévate uno para el hospital". Cartagena Flores y el apelante Moreno Morales salieron con el cadáver de Soto Arriví para [PAG. 10218] el hospital (E.N.P., 11; 29; 126 y 164). El cadáver tenía una herida profunda en el pecho proveniente de un arma de fuego, golpes y moretones en la cara (E.BN.P., 29-30; 66 y 126). Durante el trayecto Cartagena Flores le preguntó al apelante Moreno Morales por qué tenía que ser de esa forma y éste le dijo: "eran unos bandidos, eran malos y había que hacerlo" (E.N.P., 11). Al llegar a Jayuya, el apelante Moreno Morales le indicó falsamente a Cruz que a Soto Arriví "lo recogimos herido y murió en el camino" (E.N.P., 29). Uno de los agentes le brindó a la enfermera Zoraida Avilés sus nombres, pero cuando les preguntó el nombre, dirección y causa de la muerte de Soto Arrívi no le contestaron (E.N.P., 191). El mismo Dr. Ramos Rivera lo chequeó y vio los orificios y golpes que tenía (E.N.P., 190). Soto Arriví llegó muerto al Centro de Salud de Jayuya a la 1:48 P.M., esto es, treinta o cuarenta minutos después de González Malavé (E.N.P., 191; 193).

Luego de ocurridas las muertes, González disparó el arma que portaba Darío Rosado (E.N.P., 126). Darío Rosado ya no tenía los espejuelos y le pusieron la máscara cubriéndole el rostro (E.N.P., 127), guantes (E.N.P. 118; 128), y un revólver que no tenía antes, a una distancia de un (1) pie de su mano izquierda. (E.N.P., 128). También le pusieron un gorro (E.N.P., 128). Una manga de la camisa de Pérez Casillas se manchó con sangre (E.N.P., 139). El agente Montañez solicitó permiso de Pérez Casillas para que lo sacara de la escena y éste accedió (E.N.P., 126).

Los agentes González y Méndez se fueron antes de que llegara el fiscal (E.N.P., 48); también Pérez Casillas (E.N.P., 30). Cartagena {DPR 279} Flores y Moreno Morales regresaron a Rikavisión cuando ya había agentes investigando (E.N.P., 12; 16).


Aproximadamente a la 1:00 P.M., el agente Santiago Torres del NIC de Ponce escuchó al agente Mateo Espada enviar un mensaje radial solicitando que notificaran al Comandante, al fiscal y a los fotógrafos que en el Cerro Maravilla había habido un tiroteo "donde habían dos personas muertas, un compañero herido y rehen a salvo" (E.N.P., 203). El mensaje se escuchó en la Comandancia de Ponce, quien le avisó a San Juan Control y al Coronel Felipe Cortés (E.N.P., 84; 86; y 209). También se escuchó en el Cuartel de Villalba (E.N.P., 194), en los vehículos del NIC en Coamo (E.N.P., 198) y Jayuya (E.N.P., 66), y en la Torre de Puntita (E.N.P., 304). Se instruyó a todas las unidades a mantenerse fuera del canal (E.N.P., 66). Más tarde, la retén Daisy Torres Guzmán del Cuartel de Villalba, escuchó una voz masculina que indicaba que le notificaran al Superintendente que la misión había sido cumplida (E.N.P., 195). Este último mensaje también fue escuchado por el agente Félix Santiago en camino hacia el Cerro Maravilla (E.N.P., 206). (Cierra cita)

posdata.-
Tu sabes quien eres y lo que no eres...
Hay quienes creen que con tratar de olvidar los hechos las cosas cambian, son tontos, hay quienes creen que cultura es bailar y cantar coros pegajosos que no dicen nada de valor solo porque riman, son tontos,
hay quienes se creen que ponerse un sombrero de Panamá, una guayabera, menear el culo y agarrar un pandero es suficiente para hacer Patria, son tontos,
hay quienes se creen que cultivar la historia no es ser alegre como lo es el pueblo, son tontos,
hay quienes creen que hay que ser pendejo para ser simpáticos y poder guisar de las migajas que les da el gobierno, son tontos,
no todo tiene que ser bravura y testimonio,
pero todo no puede ser estupidez y zanganería...
Nuestros ritmos siguen vivo porque son sabor y son dolor,
Nuestros cantos siguen vivo porque se cantaron en contra de la autoridad y a pesar de la autoridad,
El que se crea que del embeleco na' ma' puede vivir,
el batey siempre ha tenido una esquina pa' los bueyes,
Recuerda tu...

roberto 'pachi' ortiz feliciano

23 comentarios:

Barbara Gonzalez Camacho dijo...

Muy buen escrito sobre los Asesinatos del Cerro Maravilla..donde la POLICIA asesino a Arnaldo Dario Rosado y Carlos Soto Arrivi... este escrito es copia fiel y exacta de los acontecimientos..te felicito con todo mi corazón...para que los jovenes se empapen en los hechos tal y como sucedieron!!

Jose Marrero dijo...

Cada vez que recuerdo eso!, Que clase de abusadores.

Carlos D. Chico dijo...

Que bueno que nos lo recuerdes,aunque sea duro..Prohibido Olvidar!

Miguel Gonzalez dijo...

Roberto gracias por esta valiosa información. Tanto que se critica los asesinatos políticos en otros países y se sigue negando este cruel y planificado asesinato de dos jóvenes que eran casi niños. Al leer este documento me lleno de rabia y angustia. Nada ha cambiado en la policía de PR nos siguen viendo como el enemigo solo que ahora no somos solo los que creemos en la libertad de nuestra nación sino todo el que levante la voz ante tanta injusticia a la que estamos siendo sometidos. Los mártires de Maravilla abonaron nuestras luchas con su sangre. Solo quiero que la indignación se convierta en lucha.

Barbara Gonzalez Camacho dijo...

Recuerdo cuando Carlos Romero Barcelo recibió el mensaje en la tarima donde estaba en ese fatídico 25 de julio y dijo que unos jovenes independentistas habian intentado explotar las torres del Cerro Maravilla y que unos HEROES polícias los habian detenido matándolos!

Barbara Gonzalez Camacho dijo...

Recuerdo cuando Carlos Romero Barcelo recibió el mensaje en la tarima donde estaba en ese fatídico 25 de julio y dijo que unos jovenes independentistas habian intentado explotar las torres del Cerro Maravilla y que unos HEROES polícias los habian detenido matándolos!

roberto 'pachi' ortiz feliciano dijo...

Y donde estaba Ygri Rivera de Martinez en ese escenario de complicidades asesinas... y como pueden olvidar que han sido coro de crimenes horrendos y atreverse a hablar de leyes... la charlataneria atroz los ha manchado y esa mancha no se quita...

Forjador Boricua dijo...

Prohibido olvidar...

Hector Gil De Lamadrid dijo...

Pueblo que olvida sus errores (y crimenes) está condenado a repetirlos...
Ahora tenemos ese ambiente contra "la juventud socialista", pero somos pueblo y estamos atentos.

Isabel Caballer dijo...

Este 25 de julio...estoy difundiendo este documento a modo de protesta silente en el mismo momento en que el ex gobernador Carlos Romero Barceló, vergüenza para nuestra historia, funge como el orador principal en los actos oficiales del Gobierno. Los hechos escuetos, gota a gota, tal y como ocurrieron. NO OLVIDAR.

Espartana Roja dijo...

Si has escuchado alguna vez sobre "aquello" que ocurrio un 25 de julio en el Cerro Maravilla pero no sabes a CONCIENCIA que ocurrio... Un dia como hoy en el año 1978. La Policía de Puerto Rico asesinó a dos jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla del pueblo de Villalba. Alegaron que iban a tumbar unas torres de mas de 100 pies. El entonces gobernador, Carlos Romero Barceló, al conocer los hechos llamo heroes a los policias. (Luis Sanchez)

Ana Lila Miranda dijo...

Recuerdo este acontecimiento mas bien con coraje que con nostalgia.Coraje de saber que hay algunos que prefieren vivir en jaula de oro aunque esten presos que vivir libres disfrutando verdaderamente de una isla tan hermosa.

Judith Marie Gonzalez dijo...

Se cocinó en el Capitolio y luego el día fatidico. Pero aún andan sueltos y los cegatos... no conocen la historia. Pero el tiempo siempre da la razón.

Laura Raquel Medina dijo...

"El 25 de julio de 1978 el periodista José Rafael Reguero publica una nota policial. Una confidencia: secuestro, ataque a torres de transmisión, intercambio de disparos. Unas horas después Darío Rosado y Soto Arriví son asesinados. Romero Barceló llama héroes a los asesinos durante la celebración de la invasión norteamericana. Hoy será el orador principal en una actividad similar...."

Juan A. López Cruz dijo...

¡BRAVO! Excelente exposición.

PROHIBIDO OLVIDAR.

Rosana Martinez Larracuente dijo...

Don Roberto, lastima que esos que "creen" viven toda su vida "creyendo", no buscan la verdad y matan las generaciones en produccion...O
XOXOS MAYAGÜEZANOS. BENDICIONES DIVINAS.

Laura dijo...

Gracias, Roberto: magnifico y veridico narrado de los sucesos de aquel fatidico dia. Leyendolo senti las mismas emociones y la rabia de aquel dia. Prohibido olvidar.

Carmen Laura Baez dijo...

Te felicito, Roberto; magnifica recoleccion de los hechos. No deja por eso de provocar el mismo sentimiento de rabia e impotencia ante tan grande injusticia. Prohibido olvidar.

Diana Arzola dijo...

...Carlos Romero Barcelo, en plena tarima ante las camaras televisivas, declaras "heroes" a los sabuesos!

Ricardo dijo...

Quisiera comunicarles informacion sobre la div. Inteligencia policia de P.R. y porque ocurrio el caso del Cerro Maravilla, pues trabaje para dicha division en los años 60 y cuando sali sabia que algo asi iba a ocurrir y se lo comunique al Sr. Luis A. Ferre en 1968. Gracias, Ricardo
email: ricardocoav@yahoo.com

Ana Medina dijo...

No creo que esto llegue a formar parte de ningún libro de historia de Puerto Rico ni se enseñe en ninguna escuela. Nos toca a los que lo vivimos contarlo con toda la crudeza del hecho. No, no podemos olvidar, ni permitir que se olvide.

Raúl Schwarz Collado dijo...

MI viejo grabo la transmicion del canal 6 de los eventos de celebracion del 25 de julio de ese año... Se escucha cuando le dicen a Romero "mision cumplida" creo que fue Rivera Casiano quien se lo dijo, no recuerdo. El cabron sabia y el planificador fue Rivera Casiano... Tengo entendido que en casa de este hubo una reunion entre Romero y Hernandez Colon en donde se acordo no encausar al ex Gobernador Romero pues el sacaria pruebas de otras cosas de Hernandez Colon... Hicieron ese acuerdo de que los chivos expiatorios serian los guardias.

Monsy Monsy Ramirez dijo...

Una voz..... hace 33 anos, le dijo al oido a alguien...." mision cumplida". Hoy un pueblo que no olvida, dice: "nuestra mision es seguir recordando, y jamas olvidar"....